Nelson Francisco Hernández
Licenciatura en Teología Sistemática (9° Ciclo / Xela)
Introducción
El presente artículo tiene como objetivo analizar el pensamiento del teólogo alemán Jürgen Moltmann por un lado y el de Víctor Codina S.J. por otro; ambos desde su propia perspectiva para luego elaborar una opinión personal acerca del tema: “la experiencia histórica del Espíritu Santo”.
Moltmann afirma que por experiencia histórica de Dios se debe entender cómo “la experiencia de Dios que acontece en toda la historia, pero que también se puede entender inversamente, una realidad como historia, que surge de estas experiencias de Dios”. (Moltmann, El Espíritu de la vida, 1998).
El primer punto que trata el teólogo alemán es el problema de la traducción de la palabra hebrea Ruah, y en segundo punto presenta las mediaciones del espíritu entre Dios y su pueblo a través de jueces carismáticos, profetas extáticos y reyes ungidos.
Por su parte Víctor Codina aborda el trabajo que realiza el Espíritu Santo en la Biblia y específicamente en el antiguo testamento el expresa lo siguiente:
“es el hilo conductor de toda la palabra de Dios, agrega que es, ante todo, una experiencia vital, globalizante y unificadora de las diversas dimensiones y etapas de la revelación del misterio divino en la historia de la humanidad, el Espíritu Santo es la boca de Dios”. (Codina, No extingáis el Espíritu, 2008).
Objetivo general
Analizar la perspectiva respecto al concepto “la Experiencia histórica del Espíritu Santo”, en el pensamiento de J. Moltmann y Víctor Codina, tanto en la experiencia del pueblo de Israel como en la vida del cristiano.
Objetivos específicos
- Redactar una opinión personal de estas dos perspectivas.
- Elaborar conclusiones sobre el significado de lo que el Espíritu Santo realiza a favor del pueblo de Israel y el pueblo cristiano
Capítulo I
Espíritu la fuerza vital de Dios:
Por “experiencia histórica de Dios” entendemos la experiencia de Dios que acontece en medio de la historia, pero con ello entendemos también inversamente, una percepción de la realidad como historia, que surgen de estas experiencias de Dios. En relación a la fuerza vital de Dios debe entender en primer lugar el término hebreo Ruah; que significa fuerza de Dios, soplo de Dios, espíritu de Dios. Quien quiera comprender el término veterotestamentario Ruah deberá olvidar la palabra occidental “Espíritu”, que en griego es Pneuma y en latín Espíritus, estos términos se han configurado en contraposición a materia y a cuerpo, y significan algo inmaterial. También afirma: “que por el contrario hablamos en hebreo del “Ruah Yahvéh” entonces estamos diciendo: Dios es un huracán, una tormenta una fuerza en el alma y en el cuerpo, en la humanidad y en la naturaleza. Originalmente, ruah era una palabra onomatopéyica para designar el viento impetuoso como por ejemplo aquel viento que, en la salida de Egipto, dividió las aguas del mar rojo (éxodo 14: 21)”. Significa siempre algo vital frente a lo que esta muerto y algo en movimiento frente a lo petrificado. (Moltmann, El Espíritu de la vida, 1998).
¿Cómo ha de entenderse entonces después de estas breves indicaciones, el Ruah de Yahvé?
- Es el acontecimiento de la presencia actuante de Dios, que penetra hasta lo más profundo del ser humano.
- Sin embargo esta formulación teológica del ruah como presencia personal de Dios no recoge la energía vital presente en todo ser viviente. La fuerza creadora de Dios se comunica a las criaturas de tal modo que el ruah se convierte también en su propia fuerza vital. Y así como el ruah, en cuanto Ruah de Yahvé, tiene un origen trascendente, así también, en cuanto fuerza vital, es inmanente y opera en todo ser viviente.
- Para agotar todo el contenido del término, el concepto está emparentado con el rewah=amplitud. Este crea espacio, pone en movimiento hace salir de las estrecheces hacia los espacios abiertos y otorga vitalidad. (Moltmann, El Espíritu de la vida, 1998).
El Espíritu en la escritura. Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento prevalecen tres líneas de fuerza sobre el Espíritu: la dimensión creadora, la profética y la sapiencial. Gen 1, sacerdotal y postexílico, presenta al Dios creador con tres atributos fundamentales: el iniciador de la creación, el ordenador o arquitecto del cosmos y el vivificador del universo. Estos tres atributos de Dios no es carácter de Dios, sino su personalidad espiritual, la Ruah que aleteaba sobre el caos primitivo y que volveremos a hallar después del diluvio (Gen 8,6-12), en el bautismo de Jesús (Mt 3,16; Mc 1,10; Lc. 3,22) y en su muerte en la cruz (Jn. 18,30). (Codina, No extingáis el Espíritu, 2008).
El Espíritu es a la vez el iniciador del universo, el soplo que da vida, la sostiene, fecunda, mantiene y ordena, el orden del mundo de Génesis es la firma del Dios bíblico, de su ruah, en oposición al caos; es la manera propia de iniciar, sostener y vivificar lo creado. La ruah surge de Dios, pero está en Dios, la bendición de Dios es signo de fertilidad el poder de Dios es inagotable. (Codina, No extingais el Espíritu, 2008).
En Gen 2, de tradición Yahvista y más antiguo que Gen 1, el rostro de Dios es presentado de forma mucho más antropomórfica, ya que Dios aparece más que como ordenador, como creador, artista y poeta que sopla sobre el ser humano, formado con polvo del suelo, e insufla en su nariz un soplo de vida para que se convierta en ser viviente (Gen 2,7). Este hálito de vida hace referencia al Espíritu creador, la teología ecológica ve en este Espíritu creador una fuente constante de inspiración y de luz, el desastre ecológico actual es lo más contrario al Espíritu creador: es generar muerte en vez de vida, es una vuelta al caos primordial. (Codina V. , 2008).
Capítulo II
La presencia del Espíritu de Dios en medio de su pueblo:
Moltmann afirma que el libro de los jueces habla de la actuación histórica del espíritu de Dios en los jefes carismáticos de Israel, éstos hombres guiados por el espíritu actúan en lugar de Dios, conducen al pueblo hacia la libertad, los dones carismáticos dan: visión, sabiduría, profecía y capacidad de guiar. El ruah de yahvé es el autentico sujeto de estas historias, los primeros profetas en Israel eran predicadores itinerantes poseídos por el Espíritu de Dios, a los profetas de Israel les viene dictado lo que es la voluntad del señor y por lo tanto lo que se ha de hacer. Ejemplo: Saúl, (1 Samuel 10) David, (1 samuel 16: 12, 13.). En los primeros tiempos de Israel los arrebatos extáticos, la sabiduría extraordinaria (José), y la capacidad de juzgar rectamente (Salomón), son atribuidas al Espíritu de Dios. La sabiduría de Dios habla a los hombres desde la creación, para ponerlos en sintonía con el creador y transformarlos así en sabios, (Prov. 3: 19). Como indica la sabiduría de salomón, ruah y hokmá, espíritu y estrechamente sabiduría están relacionados, tan que pueden intercambiarse: el espíritu del señor llena la tierra (1: 7) (Moltmann, El Espíritu de la vida, 1998).
Espíritu Profético
Por su parte Víctor Codina afirma que el Espíritu creador sigue permanentemente presente en la historia humana, y muy concretamente en la historia de Israel, con un compromiso de Yahvé para con su pueblo, cuyo prototipo es la gesta liberadora del Éxodo. Este Espíritu actúa a través de personajes elegidos por Dios, como son los ancianos de Israel en el desierto (Nm 11,17-29; 24,2), los jueces (Jc 3,10; 6,34; 11,29), los reyes (1 Sm 11,6) pero, sobre todo, irrumpe de un modo peculiar en los profetas y profetisas, para que hablen en nombre de Yahvé. Esta acción del Espíritu en los profetas comienza con una experiencia espiritual que constituye la raíz de la vocación profética y que acompañará al profeta a lo largo de su existencia y le dará fuerza para anunciar, denunciar y transformar la realidad. Su palabra goza de la eficacia propia del Espíritu, los profetas anuncian los tiempos mesiánicos en los que el Mesías estará lleno del Espíritu y practicará el derecho y la justicia con los pobres (Is 11,1-9), finalmente, se anuncia que en los últimos días el Espíritu se derramará sobre toda la humanidad, (Jl 3,1-3; cf. Hch 2,16-18). De este modo el Espíritu aparece ligado a la renovación de la vida del pueblo: Es Él el que posibilita una vida nueva, dándole un corazón nuevo y moviéndole a practicar el derecho y la justicia con los pobres y restablecer la armonía en la creación (Codina V., 2008).
Aporte Personal:
El espíritu Santo como fuerza vital de Dios es el iniciador de toda la historia, el que realiza la creación y da vida, Él es, el que brinda a toda persona el deseo de vivir es el motor sobre el cual gira toda la creación, porque: Lo acompaña, lo sostiene con su poder, lo libera, le brinda la paz. Según ambos autores, lo definen como: “el Ruah, que se presenta como la maxima expresión de vida y vitalidad”. (Moltmann & Codina, El Espiritu de la vida; No extingaís el Espirirtu, 1998; 2008). Entonces se puede afirmar en base a lo anterior que es un espírirtu vivo, para vivos y es contrario al espiritu de muerte.
Por otro lado, en la compañía del pueblo elegido por Dios que es Israel y su liberación, muestra su fidelidad en el acompañamiento por su transitar en el desierto, y le brinda la liberación de la esclavitud en Egipto, lo conduce hacia la tierra prometida, tierra en donde fluye leche y miel, se revela, habla, por medio de los profetas y reyes, les brinda su compañía, los anima, es la muestra más palpable de la presencia de Dios en su pueblo.
De la misma manera en la vida del cristiano, que no lo deja en desamparo total en este mundo de maldad, porque esta en comunicación constante con ellos, y se manifiesta tanto en el Antiguo y Nuevo Testamento; Esto para provecho de toda la humanidad.
Conclusiones
- Hablar del Espiritu Santo es: Hablar de vida frente a la muerte.
- La fidelidad de Dios se manifiesta en la compañía diaria que nos brinda, para guardarnos de toda maldad en esta tierra.
- El Espíritu Santo juega un papel importante porque Jesús mismo dijo de el: “Y yo rogare al padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu e verdad.” (Jn 14:16, 17 V. R.V. 1960).
Referencias
Codina, V. (2008). No extingáis el Espíritu. España: Sal Terrae.
Moltmann, J. (1998). El Espíritu de la vida. Salamanca: Sígueme.



