Paola de Castro
Licenciatura en Teología Sistemática (9° Ciclo / Xela)
Resumen
El presente artículo busca hacer reflexionar a los hijos de Dios, sobre su relación con el Espíritu Santo, su presencia y convivencia con Él, reconociendo que fuimos hechos por Él y para Él y que fuera de Él, no somos nada. Él nos dio la vida y la sostiene con el poder de su palabra. Esto únicamente puede entenderse conociendo su voluntad, a través de su palabra y de renovar el entendimiento, tomando en cuenta que es necesario desaprender, para poder aprender a vivir una nueva manera de vida bajo la voluntad de Dios. Estas líneas no son suficientes para describir la experiencia que se puede sentir como hijos de Dios; la promesa de Jesús cumpliéndose, cuando dijo: “Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros siempre” (Jn 14:16-17).
Problema:
La manera tan agitada en la que actualmente se vive, hace difícil el reconocer la presencia del Espíritu Santo y la obra que Él, puede hacer en sus hijos, la ayuda que desea brindar y el cuidado que Él desea dar. Él es consejero y muchas veces no se le pide consejo y a pesar de ser el mejor consejero, se suele buscar consejo con alguien más.
Objetivo general
Precisar la presencia del Espíritu Santo en la vida de los creyentes.
Objetivo específico
Comprender la personalidad del Espíritu Santo.
Introducción
El Espíritu Santo es la tercera persona de la trinidad, compuesta por Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo y que ahora habita en el corazón de cada creyente y le da poder a los hijos de Dios, como se lo dio a Jesús, para poder realizar la obra que el Padre nos ha encomendado a hacer.
Jürgen Moltmann, hace una referencia acerca del Espíritu Santo en sus distintas obras:
- El Espíritu Santo en su comunión Trinitaria: en Trinidad y Reino de Dios.
- El Espíritu Santo fuerza y vida de la creación: en Dios en la Creación.
- Una cristología del Espíritu, complemento necesario de una Cristología del Logos: en El camino de Jesucristo.
- El Espíritu de la Vida.
En este libro habla a cerca de La experiencia del Espíritu, personal y comunitaria, de donde se desprenden dos de sus grandes preguntas:
“¿Cuándo ha sido la última vez a que usted ha sentido la acción del Espíritu Santo en su vida? ¿Cuál ha sido la última vez que usted ha sentido al Espíritu Santo de Vida? Podríamos contestar las dos preguntas, pero en la segunda, es más fácil para nosotros reconocer y saber que el Espíritu de vida lo sentimos a diario, porque Él es el que nos da vida”. (Moltmann., 1998)
El Espíritu nos conecta con el amor eterno de Dios y nos hace entender su obra redentora y liberadora en Cristo. La obra del Espíritu Santo es universal y se reconoce en todo lo que sirve a la vida, dándonos discernimiento de espíritu para reconocer todo lo que está a favor y en contra de la vida.
¿Quién es el Espíritu santo?
El Espíritu de la vida puede identificarse en Juan 1:4 y Juan 10:10 donde dice que en Él estaba la vida y que Él ha venido a dar vida en abundancia. (VRV 1960)
¿Cómo podemos responder a la segunda pregunta que Moltmann realiza: ¿Cuál ha sido la última vez que usted ha sentido al Espíritu Santo de Vida?.
El Espíritu Santo para con nosotros:
Es Consolador:
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre (Jn. 14:16 VRV 1960)
Convence:
Convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio
Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado (Jn. 16:8-11 VRV 1960)
Nos guía en la verdad:
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir (Jn. 16:13 VRV 1960).
Nos da poder para testificar sobre lo que Dios hace en nosotros.
Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hech.1:8 VRV 1960).
Nos Capacita para llevar el mensaje de Dios sin temor:
Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios (Hech.4:31 VRV 1960). Nos da dones para edificar la iglesia: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo (1 Cor 12:4 VRV 1960).
Nos da dones para edificar la iglesia:
Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo (1 Cor 12:4 VRV 1960).
Nos hace santos y nos justifica:
Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad (2 Tes.2:13 VRV1960).
Nos hace libres, no hay condenación para nosotros:
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Rom. 8:1 VRV 1960)
Su presencia da fruto en nuestra vida:
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley (Gál. 5:22-23 VRV 1960).
Nos confirma que somos hijos de Dios:
Romanos 8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. (VRV 1960).
Nos enseña y recuerda lo que aprendemos:
Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. Juan 14:26 (VRV 1960).
Testimonio Personal
Cada día en todo tiempo, he podido experimentar una relación con el Espíritu Santo, desde que aprendí que Él es Dios habitando en nosotros y conocerle a Él a través de su palabra me convenció y transformó mi entendimiento, de saber no solo quien soy sino de que hace el por mí y en mí, a diario me guía, me enseña, me ayuda, me oye, me despierta antes de que la alarma suene, me pone en mi corazón por quien orar, durante todo el día se muestra en las cosas más sencillas o incluso en las que son difíciles para mí, el saber cómo hacerlo o decirlo, sin ofender o hablar de más, por ejemplo, si me molesta alguna manera en la que mi esposo o mis hijas están actuando, le cuento a él y le pido que les de la sabiduría para saber cómo obrar, me impresiona el cambio que tienen sin que yo les diga nada, el Espíritu Santo es el que les habla, me guía con que vendedoras ir al mercado, en qué lugar comprar cualquier cosa que me vaya a servir, me indica la hora que debo salir o estar en un lugar, pero esto pude hacerlo desde que reconocí y comprendí que Él es parte de mi familia, mi amigo, mi acompañante y le doy el lugar que Él merece, hago todo lo mejor que puedo porque sé que él está observando todo lo que hago, digo, veo, oigo, lo que pienso y hasta las intenciones de mi corazón, ahí es donde sé que no puedo fallarle.
Conclusiones
Todo sería tan diferente en la vida del creyente si pudiera reconocer que el Espíritu Santo habita en sus hijos y esta con cada uno de ellos, el Espíritu Santo merece respeto, tiempo y muchas veces o la mayoría de las veces reacciona o se obra, como ignorando su presencia. Él ha cumplido su promesa de estar con sus hijos siempre, no los abandona, se le ha hecho a un lado y se toman decisiones sin consultarle o sin pensar si quiera si le agradaría a Él o no, esto ha traído consecuencias a muchos hijos de Dios de sufrimiento o a padecer de una manera, que, a Dios, no le agrada. Es tiempo de reconocerle y tomarle en cuenta en toda actividad de la vida, familiar, laboral, ministerial, sentimental, etc. Sin él nos somos nada, es necesario recordar que fuimos creados por Él y para Él.
Referencias
Moltmann, J. (1988) El Espíritu de la vida. Editorial Sígueme.
El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley (Gál. 5:22-23 VRV 1960)



