La experiencia histórica del Espíritu Santo dentro del contexto de la Teología Patrística

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Miguel Ángel B. A. Rivas
Licenciatura en Teología Sistemática (9° Ciclo / Xela)

Resumen

El siguiente artículo busca exponer la realidad de las primeras experiencias y reflexiones teológicas de los escritores eclesiales más importantes del cristianismo de los primeros siglos. La catolicidad de la Iglesia desde las escuelas Occidentales y Orientales, dan un panorama amplio de como la analysis of the development and reflection of the thinkers their about historical experience, how their “Pneumatología” fue un asunto de primera importancia para la Iglesia desde sus inicios. El escrito busca presentar un análisis del desarrollo y la reflexión de los pensadores acerca de sus experiencias históricas, el cómo sus prácticas propias y meditaciones desde la Palabra fueron vivas y llegaron a ser parte de la ortodoxia cristiana. Finalmente, el estudio hará comprender al lector acerca del Espíritu Santo no como un concepto teológico vacío, sino como los mismos Padres lo expresaron, una experiencia con el Dios vivo que los hizo confesar “Creo en el Espíritu Santo Señor y dador de la Vida”.

Abstract

The following article seeks to expose the reality of the first experiences and theological reflections of the most important ecclesial writers of Christianity of the first centuries. The catholicity of the Church from the Western and Eastern schools, give a broad overview of how “Pneumatology” was a matter of primary importance for the Church from its inception. The writing seeks to present an analysis of the development and reflection of the thinkers their about historical experience, how their own practices and meditations from the Word were alive and became part of Christian orthodoxy. Finally, the investigation will make the reader understand about the Holy Spirit not as an empty theological concept, but as the Fathers themselves expressed it, an experience with the living God that made them confess “I believe in the Holy Spirit Lord and Giver of Life”.

Introducción

Uno de los propósitos del derramamiento del Espíritu Santo es poder accionar en la vida de los creyentes fortaleciéndolos, guiándolos, consolándolos pues sabemos que su influencia sobre la vida humana es para bien y beneficio del mismo creyente, por lo que quien ignore de su persona y su accionar por lo general se encuentra luchando en sus propias fuerzas ante las diversas dificultades del diario vivir. La Biblia dice que se nos ha enviado el Espíritu Santo para que dependamos de él, y que su presencia en nuestras vidas nos guiara hacia toda verdad, por lo cual viviremos en la voluntad de Cristo. Ello será posible si somos sensibles a su presencia, a su influencia y a su voz. Si se busca cada día su presencia a través de su comunión. Así se provocarán acciones que evidencien el Reino de Dios.


Palabras clave: Espíritu Santo, Padres de la Iglesia, cristianismo, Experiencias, Pneumatología.

Metodología: Investigación bibliográfica.

La Experiencia Histórica del Espíritu Santo dentro del contexto de la Teología Patrística.

Problemática: El Espíritu Santo que es Dios mismo, ha sido teológica y eclesiológicamente relegado a un plano menor dentro de las relaciones Trinitarias, o reducido solamente a los carismas que operan en momentos oportunos para el bienestar del cuerpo de Cristo. Esta tendencia ha incurrido en serias dificultades tanto reflexivas como prácticas, en donde se desconoce el desarrollo de la doctrina Trinitaria Pneumatológica, y se atribuye al Espíritu de Dios experiencias extraordinarias fuera de los estándares teológicos y bíblicos. Otros debido al biblicismo erróneo y falsa racionalidad de la fe, expresan que bajó la comunidad, la Iglesia no debe buscar experiencias con el Espíritu Santo y este postulado también es un falso posicionamiento.

Por tanto, es necesario revisar la historia de la Iglesia y quienes caminaron en los primeros siglos Pneumatológico, de desarrollo estudiar su pensamiento cristiano teológico, bíblico, experiencial y personal, que fue trabajado exegéticamente desde las Santas Escrituras y sus vivencias propias. Declaraciones introductorias como la de San Agustín y San Basilio marcan el inicio del mencionado objetivo.

“Si Dios es amor, como la Escritura Sagrada lo proclama, y el amor viene de Dios y actúa en nosotros para que Dios permanezca dentro de nosotros y nosotros en Él, y esto lo sabemos porque nos dió de su Espíritu, entonces este mismo Espíritu es el Dios de amor” (Agustín 1956, pág 909).

“Manantial de santificación, luz inteligible, abastece por sí mismo a toda facultad racional…, inaccesible por naturaleza, aunque comprensible por su bondad, todo lo llena con su poder, pero solamente participan de él los que son dignos y no con una participación de única medida, sino que reparte con su poder en proporción de la fe.” (Cesarea 1996, Pág 142).


Objetivos

Objetivo general

Exponer el desarrollo de la experiencia histórica del Espíritu Santo desde el pensamiento de los Padres de la Iglesia; los capadocios de origen griegos, y Padres latinos de rito occidental. Con el fin de observar el desarrollo y las experiencias de la Pneumatología en la Patrística cristiana de los primeros siglos.

Objetivos Específicos

  • Investigar el desarrollo de la experiencia y teología del Espíritu Santo desde el pensamiento de los Padres Orientales más importantes, como San Basilio y San Atanasio.
  • Aportar un análisis y reflexión de la Pneumatología vista desde los pensamientos de los Padres Occidentales referenciales como Hilario de Poitiers, y San Agustín.

Experiencia Histórica del Espíritu Santo en San Basilio y Atanasio de Alejandría:

Por experiencia histórica de Dios, el teólogo alemán Moltmann, marca una pauta: “Entendemos la experiencia de Dios que acontece en medio de la historia, en acontecimientos históricos”. (Moltmann, El Espíritu de Vida 1998, pág. 53). Aunque Moltmann marca la historia desde los acontecimientos bíblicos de Jehová con el Pueblo de Israel, este artículo comenzará con un cristianismo institucionalizado, apologético y en busca del desarrollo de una doctrina ortodoxa pneumatológica. San Basilio en este caso habla en su capítulo XIX de su tratado del Espíritu Santo sobre la importancia de hacer una defensa sobre aquellos que subordinan a la persona del Espíritu Santo y señalan que no se le debe adorar. Al respecto menciona “Es bueno, como bueno es el Padre y bueno el Hijo, engendrado del bueno y tiene esencia de bondad. Es recto, como recto es el Señor Dios, porque él mismo es verdad y es justicia, sin desviarse ni doblegarse en ningún sentido…” (Cesarea 1996 Pág 188). Este conocido Padre, reconoce la importancia de la deidad del Espíritu y resalta su igualdad al Padre y al Hijo; su tésis básicamente consiste en ver la igualdad de atributos que el Dios Trino comparte en sí mismo. Al mismo tiempo se pregunta por las operaciones del Espíritu Santo y las describe: a ello contesta su papel acerca de la creación “Fue el Espíritu quien afianzó las potencias de los cielos” … En la venida de Cristo “La encarnación, de ella es inseparable el Espíritu… Las acciones milagrosas, los carismas de curación. la redención de los pecados” y finalmente en la familiaridad con Dios “Esta familiaridad es por medio del Espíritu, pues Dios envió al Espíritu de su Hijo en vuestros corazones el cual clama Abba Padre” … Esto sin olvidar la resurrección de entre los muertos “La resurrección a la acción del Espíritu se debe, pues enviarás tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra”. (Cesarea 1996 pág 189-190). Vemos que el desarrollo desde su pensamiento a la experiencia es filtrado en primera instancia por las Sagradas Escrituras. Regresando con Moltmann y combinando parte del pensamiento de los Padres, el alemán comenta acerca de la participación histórica del Espíritu que: “Se llegaron a atribuir al Espíritu todas las obras de Dios, de modo que el Espíritu de Dios que actúa sin cesar es el común denominador de estas actuaciones de Dios” (Moltmann, Pág 69). Y una de esas marcadas experiencias vistas desde Basilio como la “renovación, elección e intercesión”, vistas desde el plano individual, la renovación es vista como la acción del Espíritu que transforma las almas para la vida espiritual, el opera la renovación para el cambio de la vida terrenal, un Espíritu que hace renacer al pueblo para que experimente vitalidad propia frente al pecado y la muerte. También la experiencia de la elección Basilio cita el Libro de Hechos en el llamado a Bernabé y Saulo, él lo designa como la “obra de Dios que guía a su pueblo como ovejas”, los guía con esperanza para que no tengan miedo. Finalmente, en la experiencia de la intercesión menciona que: “porque ciegos estamos nos enseña y nos guía para que elijamos lo que conviene… Porque el Espíritu Santo está en tí” (Cesarea 1996, pág 191).

Acerca de las experiencias Atanasio de Alejandría atribuye a que el Espíritu Santo lleva a cabo la divinización del hombre “Se dice que por medio del Espíritu Santo somos participes de Dios, porque dice la Escritura ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?… Somos partícipes de Cristo y partícipes de Dios, se muestra que la unción y el sello que hay en nosotros no pertenece a la naturaleza de las cosas creadas, sino a la del Hijo, que por medio del Espíritu, que hay en Él, nos une al Padre” (Atanasio 2007, pág 107). Esta experiencia del Espíritu que se entiende más desde la Iglesia occidental es explícitamente enseñada por Atanasio, su prueba escritural menciona la permanencia del creyente en Dios, porque él nos dio su propio Espíritu. Su idea es la participación del Espíritu que nos convierte en partícipes de la naturaleza divina, por eso para el Padre de la Iglesia, los que se hacen presentes, se divinizan, y si lo hacen no hay duda que su naturaleza es la naturaleza de Dios. Para Moltmann dicha operación es similar cuando menciona que la experiencia de la venida del Espíritu es operante en el corazón humano y afecta las profundidades de la existencia humana. Pablo Deiros citando a Atanasio acerca de la experiencia de la divinización comenta que: “Por otro lado por ser consustancial al Padre y al Hijo, El Espíritu puede hacernos conforme al Hijo y unirnos mediante esta conformación al Padre. Es así que podemos ser divinizados por Él” (Deiros 1998, Pág 204). Como notamos, los Padres son explícitos en hablar de sus exégesis en las Sagradas Escrituras y el propio reconocimiento de las experiencias que consideraban propias del Espíritu Santo, experiencias que marcaron una ortodoxia para la Iglesia oriental. Estos ideales muestran una doctrina pneumatológica madura y que señala la búsqueda de experiencias transformativas en el Espíritu.

Análisis y Reflexión de la Experiencia del Espíritu en San Agustín e Hilario de Poitiers:

Agustín es el obispo por excelencia, unos lo nombran como “la cumbre de la era patrística”. Pablo Deiros menciona “En él se combinaron de manera maravillosa lo mejor de la espiritualidad y la reflexión teológica oriental con lo más eficiente del pragmatismo romano” (Deiros 1998, Pág 275). San Agustín percibe en algunas partes de su magna obra sobre la Trinidad al Espíritu Santo como el amor y el don de Dios. Este don que es el Espíritu Santo distribuye en común a todos los miembros del cuerpo de Cristo, multitud de dones, propios de cada uno. Este Espíritu, menciona Agustín, distribuye su poder en la Iglesia según le place. El don del Espíritu Santo es el mismo Espíritu Santo. Es don de Dios cuando se da a los hombres. Agustín en su exégesis lo señala como Don de Dios, pero no por ser inferior o subordinado a Dios Padre e Hijo “No es inferior al Padre ni al Hijo… Es dado como don de Dios, da en cuanto a Dios. Él es dueño de su poder, pues El Espíritu sopla donde quiere… el distribuye sus dones según le place” (Agustín 1956, pág 909).

La pneumatología agustiniana expresa el genio de este doctor de la Iglesia que combina lo místico y la profundidad intelectual oriental y el pragmatismo de la mente latina. Para Agustín “El Espíritu Santo es Dios como el Don de Dios, tanto del Padre como del Hijo, a la Iglesia. Él es consubstancial y coeterno con el Padre y con el Hijo, por lo tanto, Él es el Espíritu del Padre y del Hijo, y en consecuencia procede de ambos” (Deiros 1998, pág 275). Agustín, siendo parte del rito occidental, sostiene claramente la cláusula filioque. Moltmann lo ve desde otra perspectiva más contemporánea y el menciona “El que libera a los hombres y lleva a la comunidad mesiánica de Jesús es Dios, el Espíritu Santo, ya que él es antes en sí mismo, el Espíritu que procede del amor del Padre y del Hijo” (Moltmann, Iglesia Fuerza del Espíritu 1978, pág 78).

Otro dato interesante en la pneumatología de Agustín es que abiertamente proclamó que el Espíritu Santo sólo opera en la Iglesia, porque fuera de la Iglesia no hay Espíritu Santo, este Espíritu se recibe solamente en la Iglesia y mediante imposición de manos. Nuevamente con una interpretación más contemporánea el alemán parece entender la pneumatología más social y fuera de lo eclesiástico: “El Dios uno y trino es el Dios abierto al hombre, al mundo y al tiempo… se abre a sí misma a la historia y a la experiencia de la historia”. (Moltmann, Iglesia Fuerza del Espíritu, pág 79). Aunque existen variados puntos de vista acerca del Espíritu Santo, Agustín deseaba señalar el trabajo del Espíritu en la justificación del creyente, el que guía a los santos en oración cuando no saben cómo orar, es para Agustín, el Espíritu Santo quien introduce a los creyentes en las cosas secretas de Dios.

También a San Agustín se le ha atribuido el tener un concepto muy cesacionista de los dones del Espíritu. Deiros comenta que “En el caso de las lenguas, como de otras manifestaciones de acción sobrenatural del Espíritu, Agustín sostiene interpretaciones bastante cesacionistas… Para Agustín, las lenguas de Pentecostés fueron un anticipo profético de la universalidad del Evangelio y de su alcance ecuménico” (Deiros 1998, pág 278). Para San Agustín la llegada del Espíritu en pentecostés con lenguas y señales significó que el evangelio había de estar presente en todas las naciones, y que la Iglesia había de proclamar el mensaje por toda la tierra. Desde otra perspectiva occidental de rito latino, se encuentra San Hilario.

Hilario y su experiencia acerca del Espíritu señalan al Espíritu Santo en la obra santificadora e iluminadora en la vida del hombre. Pero, así como Agustín, Hilario ve la obra del Espíritu como Don de Dios, él menciona “Por lo tanto, hagamos uso de este gran beneficio, y procuremos la experiencia personal de este Don tan necesario” (Deiros 1998, pág 201). El caracteriza al hombre que no vive la experiencia del Espíritu como privado de la luz, incapaz de aprender y adormecido.

Hilario en cuanto a los dones sobrenaturales del Espíritu insta a utilizarlos según el concede. Se sugiere que en el tiempo de este Padre de la Iglesia, y según el testimonio que da, que los dones aún eran practicados y vigentes: “Porque el don del Espíritu se manifiesta, allí donde la sabiduría habla y son oídas las palabras de vida, y allí donde está el conocimiento que viene del discernimiento dado por Dios… o por el don de sanidades, para que por la curación de las enfermedades podamos dar testimonio de su gracia… o por el hacer milagros para entender el poder de Dios o por profecía para nuestra comprensión de la doctrina podamos ser enseñados por Dios o por el discernimiento de espíritus…. o por género de lenguas… o por interpretación de lenguas” – Hilario de Poitiers.

Se puede ver por tanto el entendimiento de Hilario acerca de la búsqueda de la experiencia con el Don de Dios, el Espíritu y los carismas que él otorga a su pueblo para ver manifestada la gracia de Dios en el creyente.

Finalmente se podría citar al fraile Yves para el entendimiento de la Teología y la experiencia: “Nuestra panorámica sobre la experiencia del Espíritu en el cristianismo quedaría incompleta si no interrogamos sumariamente a los doctores que fueron frecuentemente hombres espirituales. El Espíritu Santo actúa en la historia; suscita de nuevo algo en esos siglos…” (Congar 1991, pág). El análisis y las referencias que se encuentran en los escritos personales de los Padres guían al entendimiento de no solamente una Teología desde la Escritura, sino a experiencias que acentuaron en relación con el Espíritu Santo, Teología y experiencias que siguen guiando hoy al pueblo cristiano, que señalan la necesidad de una vivencia cálida con el Consolador, pero también de un entendimiento maduro y dogmático acerca de la Pneumatología cristiana.

Conclusiones

La Pneumatología estuvo integrada en el proceso de desarrollo teológico que marcó los primeros siglos de ortodoxia cristiana. Las experiencias de los Padres capadocios no fueron distintas a la de los Padres occidentales, vieron al Espíritu Santo como a Dios, no subordinado, ni creado, sino que con el Padre y el Hijo es Dios y recibe una misma adoración y gloria. Su experiencia con el Espíritu nació del trabajo exegético desde las Santas Escrituras, desde allí ellos señalaron a los procesos transformativos del ser humano al compartir la vida de Dios. Vieron al Espíritu como el consolador, intercesor, renovador, y que guía a la Iglesia. Sus características de una pneumatología bien desarrollada y madura, percibieron al Espíritu de Dios como el amor y el que guía a las relaciones Trinitarias al hombre. Sin duda los Padres Latinos tuvieron una amplia manera de ver al Espíritu, nombrándolo como Don de Dios, pero también como el que reparte sus dones; aunque se crea que el debate continuista y cesacionista es contemporáneo, los mismos doctores eclesiásticos tuvieron sus propios posicionamientos, por su lado Agustín entendió que cesaron, pero que fueron necesario para la época apostólica, mientras Hilario se atrevió a decir que quien fuera practicante de los dones del Espíritu, era porque realmente participaba en la dinámica del Espíritu. Los orientales en una aportación doctrinal que se sostiene hasta hoy día integran el trabajo del Espíritu como el que diviniza, porque nos hace partícipes de la naturaleza de Dios. La experiencia histórica del Espíritu está marcada por Teología y experiencias que dieron un fundamento con anterioridad, los cristianos necesitamos ver hacia atrás y revisar nuestra historia en la que el Consolador y Paracletos han acompañado a la comunidad mesiánica.

Referencias

Agustín, S. (1956). Obras de San Agustín Tomo V, Tratado de La Santísima Trinidad. Madrid: Editorial Católica S.A.

Atanasio. (2007). Epístolas a Serapión sobre el Espíritu Santo. Madrid, España: Editorial Ciudad Nueva.

Cesarea, B. d. (1996). El Espíritu Santo. Madrid, España: Editorial Ciudad Nueva.

Deiros, P. A. (1998). La Acción del Espíritu Santo en la Historia I Las Lluvias Tempranas (años 100 – 550). EE. UU: Editorial el Caribe.

Congar, Yves (1991). El Espíritu Santo. Barcelona, España: Editorial Herder.

Seco Mateo, L. (1998). Dios Uno y Trino, Navarra, España: Ediciones Universidad de Navarra, S.A.

Schweizer, E. (1984). El Espíritu Santo: Salamanca, España: Ediciones Sígueme.

Moltmann, J. (1978). La Iglesia Fuerza del Espíritu. Ediciones Sígueme. Salamanca.

Moltmann, J. (1998). El Espíritu de Vida. Salamanca: Ediciones Sígueme.

La unción y el sello que hay en nosotros no pertenece a la naturaleza de las cosas creadas, sino a la del Hijo, que por medio del Espíritu, que hay en Él, nos une al Padre (San Atanasio. siglo III)


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